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                    <text>Working paper n.4

Un estudio sobre las fuentes
doctrinales en los escritos
económicos de Pasqual Maragall
Eloi Serrano Robles

Escola Superior de Ciències Socials i de l’Empresa, Tecnocampus – Universitat Pompeu Fabra

Javier San Julián Arrupe

Departament d’História i Institucions Econòmiques. Facultat d’Economia i Empresa, Universitat de Barcelona

Febrer 2017

1

�Abstract

E

l ideario de Pasqual Maragall es ampliamente conocido y se ha manifestado en su dilatada
actividad política y gestora, como dirigente del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC),
alcalde de Barcelona y Presidente de la Generalitat de Catalunya. Las ideas políticas, sociales
e incluso referentes a cuestiones de organización urbana de Maragall han sido expuestas al
público en muchas ocasiones y a través de medios muy diversos. Algunos aspectos de la formación
del pensamiento de Pasqual Maragall, sin embargo, han pasado relativamente desapercibidos en la
vasta actividad del personaje. Uno de ellos es su formación como economista, en Barcelona y en
Nueva York. Maragall redactó algunos trabajos académicos en esta etapa – incluyendo su tesis de
máster en la New School for Economic Research y su tesis doctoral en la Universitat Autònoma
de Barcelona – en los que mostró su preferencia por la obra de ciertos economistas de orientación
ricardiana, marxista y postkeynesiana. A partir de una revisión de sus escritos económicos de
carácter académico más relevantes, este artículo trata de poner de relieve las fuentes doctrinales que
Maragall utilizó. Aunque aquí no se establece una correlación entre las ideas de estos economistas
y la actividad posterior de Maragall, creemos importante poner en valor las principales referencias
económicas de su época académica.

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�Sumario
1. INTRODUCCIÓN
2. La memoria del máster de la new school: continuidad entre
fisiocracia y marxismo		
			
3. UN análisis de la evolución de la teoría del comercio
internacional
4. LA tesis doctoral de maragall: pensamiento económico y
economía urbana
4.1. Un análisis de las teorías de la renta de la tierra: Ricardo a la luz
de Cambridge
4.2. Las teorías de la formación del precio del suelo urbano: De Von
Thünen a Von Thünen
4.3. La formación del precio del suelo en el Sur de Europa: la vuelta
de las teorías clásicas
4.4. Los impuestos sobre el suelo urbano: de Marshall a Sraffa

4
6
9
12
12
15
17
19

5. REFLEXIONES FINALES

20

6. BIBLIOGRAFÍA

21

3

�1. Introducción

E

s innecesario mencionar que Pasqual Maragall es una figura política central en la evolución
histórica de Cataluña en las últimas décadas. A pesar de haber estado al frente del gobierno de
la Generalitat durante tres años, su legado y contribuciones más celebradas han estado sin duda
vinculados a su acción como alcalde de la ciudad de Barcelona durante 15 años, un período
durante el que la ciudad vivió una profunda transformación cuyo eje más visible fue la organización
de los Juegos Olímpicos de 1992. Es por tanto en el terreno del desarrollo urbano, de la política
y la economía de la ciudad, donde la figura de Maragall despunta con más fuerza. Maragall se
licenció en Derecho y Economía por la Universitat de Barcelona en 1965. Esta última disciplina le
atrajo intensamente. En la Facultad de Ciencias Económicas compartió aulas con personajes como
Josep Maria Vegara, José Antonio García Durán y Juan Martínez Alier; entre sus profesores se
encuentran figuras de la talla de Jaume Vicens Vives, Jordi Nadal, Fabián Estapé, Manuel Sacristán
o Joan Reventós. Fue en esta época cuando Maragall descubrió los grandes economistas clásicos
y sus epígonos modernos, especialmente marxistas, ricardianos y post-keynesianos. Su interés
por la economía urbana data también de este tiempo: en 1964 participó en un curso de verano de
planificación regional de la Associazione per lo sviluppo dell’industria nel Mezzogiorno en Roma,
con beca de la Fundación Ford, en compañía de Vegara, Serra y otros. El mismo año de 1965 se
consolidó como economista en el Ayuntamiento de Barcelona. Experimentó igualmente la vida
académica: En 1971 fue profesor auxiliar de Teoría Económica del profesor Bricall en la Universitat
Autònoma de Barcelona, e impartió también algunas clases de Economía Urbana y Economía
Internacional. Con el objeto de ampliar conocimientos, pocos años después se matriculó, gracias a
una beca Fulbright, en el programa de Máster en Economía de la prestigiosa New School for Social
Research de Nueva York (cursos 1971-72 y 1972-73), la escuela de referencia internacional del
pensamiento económico heterodoxo1. Aquí Maragall desarrollará su antiguo interés por la historia
del pensamiento económico.
El período norteamericano de Maragall es especialmente importante para trazar su recorrido vital,
pues fue de gran fecundidad intelectual. Sus biógrafos L. Mauri y Ll. Uría señalan que los dos
años de Nueva York “influyeron de manera decisiva en la posterior evolución política e ideológica
de Pasqual Maragall”2, y lo mismo cabe decir en cuanto a su evolución como economista. En
la New School Maragall profundizó el contacto con las escuelas de pensamiento económico
heterodoxo, variando ciertas posiciones adquiridas en sus años universitarios. Fue entonces
cuando “matizó sus convicciones políticas, limó las aristas más radicales de los años de militancia
marxista en la universidad y consolidó su percepción liberal, antidogmática y anti-estatista del
socialismo”3. El propio Maragall describe cómo la New School estaba marcada por la huella de
economistas “marxistas a la americana”, antidogmáticos, o al menos mucho menos dogmáticos
que sus contrapartes europeas: Paul Sweezy, Harry Magdoff, Paul Baran, Stephen Hymer, Robert
Heilbronner, Edward Nell, Michael Hudson y Anu Shaikh. La atracción de Maragall por los autores
heterodoxos, alejados de las corrientes keynesianas a la Samuelson y más aún neoclásicas, ha
quedado plasmada en una serie de artículos académicos redactados en esta época. A su regreso
en 1973, Maragall se reincorporó al Ayuntamiento y recuperó las clases de Economía Urbana y
Economía Internacional en la Universitat Autònoma. En sus memorias Maragall refiere cómo
explicaba en clase por qué no se había terminado de cumplir la teoría del imperialismo y la crisis
europea de la Primera Guerra Mundial comparando el pensamiento de Marx y Lenin con el de
1. Maragall refiere que marchó a Nueva York “amb una sabata i una espardenya, la beca Fulbright, una excedència voluntària de l’Ajuntament de Barcelona i l’ajut del pare de la Diana [su mujer]”. Maragall (2008), 90.
2. Mauri y Uría (1998), 83. Fueron también años felices: A su regreso en el verano de 1973 Maragall padeció “la depressió
de la tornada dels Estats Units”. Maragall (2008), 96.
3. Mauri y Uría (1998), 83.

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�Keynes, “que ya me había seducido de manera definitiva”4. En 1978 Maragall defendió en esa
misma universidad su tesis doctoral titulada Els preus del sòl (El cas de Barcelona), en la que la
parte doctrinal ocupa una buena fracción. Ese mismo año marchó a Baltimore como investigador y
profesor invitado a la Universidad Johns Hopkins, hasta enero de 1979.
Este papel se ocupa del Maragall de esta etapa como investigador de posgrado en economía, en
Nueva York y Barcelona. A partir del análisis de una serie de artículos académicos, muchos de ellos
inéditos, y de su tesis doctoral, expondremos las fuentes doctrinales que manejó Maragall en sus
primeros escritos económicos. Maragall mostró rápidamente atracción por autores heterodoxos a
lo largo de la historia del pensamiento económico, desde los fisiócratas y Marx hasta los sraffianos.
Ello, sin embargo, no le condujo a desdeñar las aportaciones de corrientes más ortodoxas. En este
sentido, Maragall tuvo también un cierto carácter disidente y anti-dogmático, postura que se reflejó
en sus visiones políticas y de gestión. Este trabajo es, por tanto, una aproximación parcial a las
ideas de Maragall; el cuadro deberá completarse con un estudio de otras influencias que debieron
impregnar a Maragall en este tiempo. La formación teórica estructurada, de carácter heterodoxo,
representa una particularidad del personaje. Para identificar la correlación de pensamiento y acción
–no olvidemos que Maragall no es fundamentalmente un académico– tendríamos que identificar
las doctrinas políticas que complementaron a las económicas en su visión de análisis y propuesta
de transformación de la sociedad. La investigación que sigue a continuación pues, trata de iniciar
la construcción del puzle únicamente en la esfera teórica de la economía en sus años de juventud.
Este artículo contiene tres partes. Las dos primeras analizan las dos temáticas principales tratadas en
los ensayos académicos realizados por Maragall en sus años en la New School: el eje analítico que
vincula el modelo circular capitalista de los fisiócratas con Marx, y, dentro de este mismo esquema,
un análisis particular de la evolución de las teorías del comercio internacional. La tercera parte
estudia la utilización de fuentes doctrinales en la tesis doctoral de Maragall, su trabajo central sobre
economía urbana. Finalmente se realizan algunas reflexiones a modo de conclusión.

4. Maragall (2008), 96.
5

�2. La memoria de máster de la New
School: continuidad entre fisiocracia y
marxismo

E

l trabajo que cierra el período de Maragall en la New School versa sobre la vieja idea del
vínculo entre el modelo de reproducción de la escuela fisiócrata y la teoría de la reproducción
de Marx. Un examen exhaustivo de las teorías fisiocráticas y su conexión con el marxismo,
ocupa la memoria para la obtención del grado de máster en economía que redactó Maragall
en 1973, titulada Quesnay and Beyond (A reflexion on the Origins of the Classical Theory of Value,
Capital and Trade). Una versión de este trabajo será publicado en 1976 en la revista Cuadernos de
Economía con el título Quesnay y la economía política clásica.

El interés de Maragall por los fisiócratas como creadores de un modelo económico estructuralmente
robusto, estuvo influido por el curso “Análisis Económico sobre modelos estructurales” que Thomas
Vietorisz impartía en la New School5. La existencia de una serie de paralelismos y coincidencias
entre los sistemas de economía política de Quesnay y Marx ha sido reivindicada en numerosas
ocasiones, especialmente por autores de filiación marxista que no hacían sino continuar una línea
abierta por el propio Marx6. Este fue además el primer autor que puso en valor el análisis que la
escuela francesa hizo del proceso de reproducción capitalista7. El mismo Maragall se declaraba en
esta memoria seguidor de una corriente de autores contemporáneos que “presentan una secuencia
de modelos estructurales de la economía desde Quesnay hasta Leontief, Sraffa y Von Neumann”8.
Esta idea no es baladí, pues Maragall se mostraría aquí fiel seguidor de las ideas de Passinetti, quien
a partir de su desarrollo analítico sraffiano, interpreta el pensamiento económico reciente como una
secuencia de las ideas de estos tres últimos autores9.
Maragall considera que la escuela fisiocrática constituye un paradigma teórico alternativo a la teoría
económica clásica establecida por los sucesores británicos de Adam Smith, particularmente por
David Ricardo. En esta dirección, el objetivo de Maragall al estudiar el pensamiento del líder de los
fisiócratas François Quesnay es triple: En primer lugar, demostrar que esta corriente de pensamiento
ya entendía la economía como un sistema de reproducción capitalista. En segundo lugar, enfatizar
la conexión entre Quesnay y Marx ya presentada anteriormente por los expertos en fisiocracia
de filiación marxista Meek y Tsuru: El Tableau économique estaría más vinculado a los aspectos
formales del modo de producción capitalista descrito por Marx que a las categorías históricas del
capitalismo que utilizaron los clásicos. El tránsito de Quesnay a Marx es de categorías históricas,
pero el aparato formal no variaría. El tercer objetivo consistiría en situar a Quesnay en el origen
tanto de la “teoría económica de la reproducción” como de la teoría del comercio internacional, la
cual será objeto de ulteriores estudios por parte de Maragall10. Para elaborar este trabajo, Maragall
5. Como refiere Maragall, en su curso Vietorisz presentaba el modelo de Quesnay como el primer paso en el desarrollo del
un análisis completo de la economía. Lo mismo hacía Pasinetti en su curso “Topics in Economic Analysis”, también en la
New School. Maragall (1973), 1.
6. Por ejemplo Schumpeter (1954), pero muy especialmente Meek (1963) y sus seguidores.
7. Idea recogida por muchos autores posteriores, incluidos economistas tan alejados del marxismo como por ejemplo
Samuelson (1982), 45-46.
8. Maragall (1976), 41. El propio Leontief reconocía que su análisis input-output no era sino una continuación del modelo
del Tableau économique de Quesnay, aunque Roncaglia señala que el origen inmediato de su análisis se encuentra en los
esquemas de reproducción estudiados por Marx en el libro segundo de El Capital (Roncaglia, 2006, 641). Morishima por
su parte apuntó que muchas de las ideas de Von Neumann estaban ya presentes en El Capital. Morishima (1973), 8.
9. Roncaglia (2006), 601-602.
10. Maragall (1976), 41-42.
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�se apoya principalmente, además de en Meek y Tsuru, en Morishima y en su propio condiscípulo
en Barcelona Vegara, todos ellos autores próximos a interpretaciones de filiación marxista o postkeynesiana de la historia del pensamiento económico11.
Maragall realiza una interesante defensa de la secuencia de ideas económicas que conducen desde
Quesnay hasta Marx, pasando también por Ricardo (aunque en este artículo Maragall se centra
sólo en su teoría del comercio internacional, que califica de limitada) y Adam Smith, a quien en
esta ocasión no presta atención12. Con respecto al primer objetivo de su trabajo, Maragall no duda
de que el gran modelo económico de circulación del producto que Quesnay elabora, el Tableau
économique, es un modelo de capitalismo agrario que el autor quiere establecer en Francia. Sin
embargo, y frente a lo que algunos economistas afirmaban, el Tableau no intentaría reflejar la
estructura económica contemporánea francesa. Las condiciones del “modo de producción óptimo”
(el lenguaje empleado no es casual) constituiría la principal preocupación teórica de Quesnay según
Maragall. Estas condiciones del “equilibrio óptimo” son “pautas de comportamiento y relaciones
de precios necesarias para la reproducción de la distribución inicial de recursos al final del período
de producción”, en concreto, el establecimiento de un impuesto único sobre la renta de la tierra, la
liberalización del comercio de granos (lo que elevaría su precio), y una proporción en la propensión
a consumir de los propietarios entre alimentos y manufacturas de 50% y 50%13. El valor neto creado
en el sistema fisiocrático es producto del trabajo pero movido por el capital: El modelo de Quesnay
sería, por tanto, capitalista. Aquí es donde Maragall acepta las ideas de economistas marxistas sobre
la conexión entre Quesnay y Marx. Un paralelismo crucial entre ambos es que presentan una visión
de una economía capitalista que se origina a partir de una teoría del valor añadido o plusvalía.
Algunos autores han señalado también que cada modelo presenta una visión de la economía en
términos de flujo de valor a través de varios grupos de agentes. El Tableau de Quesnay representaría
este flujo aritméticamente y el esquema de reproducción simple de Marx, algebraicamente14.
En segundo lugar, la primera conexión clara entre Quesnay y Marx aparece en el proceso de
acumulación primitiva que Maragall ve en la idea de Quesnay de realizar una conversión generalizada
de los ricos franceses en capitalistas y de su riqueza en capital productivo15. Maragall encuentra una
gran similitud entre el mecanismo formal establecido en las sucesivas ediciones del Tableau de
Quesnay y el proceso de formación de plusvalía y de circulación del capital de Marx. La teoría del
valor implícita en el modelo fisiocrático (teoría del valor-trigo) es paralela al tratamiento que Marx
hace de la fuerza de trabajo, cuyo valor de uso excede al valor de cambio. Sin embargo, a diferencia
de Marx, el modelo de Quesnay no trata al capital como una mercancía plenamente desarrollada
porque no circula entre las distintas clases sociales16. En cualquier caso, la interpretación que Marx
realiza de la supuesta teoría del valor fisiocrática y su enlace con la teoría del valor-trabajo ricardiana
y la suya propia marxista ha sido ciertamente discutida por los historiadores de la ideas económicas.
Algunos de estos estiman que Marx consuma una exégesis equivocada17.
11. Ronald Meek estudió con Sraffa y Dobb en Cambridge, e hizo su tesis doctoral sobre el concepto de excedente. Su
obra The Economics of Physiocracy (1963) es el gran libro clásico sobre la fisiocracia. Morishima es considerado el gran intérprete de Marx en Japón, aunque algunos miembros de la escuela de Kozo Uno, el divulgador de Marx en Japón, le consideran más bien post-keynesiano que marxista. Tsuru resumió los problemas del Tableau économique en su apéndice
a la conocida obra de Sweezy de 1942 The Theory of Capitalist Development, poniéndolo en relación con la economía
marxista y keynesiana.
12. Maragall (1973), i.
13. Maragall (1976), 44.
14. Ver Gehrke y Kurz (1995). Es conocido el hecho de que Marx realizó diseños gráficos del Tableau de Quesnay, añadiendo al lado su propia versión del sistema.
15. Maragall (1976), 49.
16. Maragall (1976), 55.
17. Véase por ejemplo Gehrke y Kurz (1995), 54.
7

�Por último, Maragall realiza una interesante comparación entre las teorías del comercio internacional
fisiocrática y ricardiana. Para Quesnay el libre comercio de trigo implica libre comercio interior y
libre exportación, pero no libre importación de grano. Sí implica, sin embargo, libre importación
de manufacturas, evitando así que se perjudique la reproducción de los grandes desembolsos de
capital realizados por los arrendatarios agrarios. Por el contrario, en Inglaterra Ricardo defiende
abiertamente la libre importación de trigo: la única salida para las clases industriales en la Inglaterra
de principios del siglo XIX consistiría en una expansión de las manufacturas frente a los intereses
de los propietarios agrarios. Para ello, una reducción de los salarios promovida por la entrada
de alimento barato sería imprescindible, tal como señala el modelo de distribución ricardiano18.
Maragall observa que el papel dirigente de Inglaterra en el siglo XIX influyó decisivamente en la
conversión del capitalismo industrial británico en el paradigma del capitalismo, dada la dotación
de factores en el país. En conclusión, no existe una teoría del desarrollo capitalista universal y
por tanto la teoría del comercio internacional ricardiana sería de alcance limitado19. Maragall
concluye que la economía carece de una teoría del capital agregado, de una economía política de
los estados nacionales y del comercio entre ellos. Para Maragall, la debilidad de la teoría marxista
del imperialismo como alternativa explicativa reside en su base muy general y poco operativa: la
caída del tipo de beneficio en las naciones más adelantadas.
Maragall finaliza su tesina poniendo de relieve la secuencia analítica de Marx, relacionada con los
fisiócratas y con los clásicos Smith y Ricardo. Maragall reivindica la figura de Quesnay, criticada
(si bien amablemente) por Smith por considerar que sólo la agricultura genera valor añadido, y
recuperada después por Marx. Para Maragall, Quesnay era más consciente que los teóricos ingleses
de los requisitos de la reproducción económica y de la necesidad de incluir el capital constante
(Maragall utiliza la expresión marxiana) en la contabilidad del valor. Ricardo establece una teoría
en la que la restricción del capital constante no es un gran problema en la formación del valor. Marx
expande el análisis al estudio de las condiciones de reproducción. En esto juega un papel el modelo
de Quesnay: Marx intentará lo mismo, pero en un mundo mucho más complejo, donde la plusvalía
surge tanto en el sector agrario como en la industria y su origen se imputa no a un solo sector, sino
a una mercancía usada en los dos sectores, que no es sino la fuerza de trabajo.

18. Véase Ricardo (1817), 126-127). Las ideas de Quesnay y Ricardo pueden parecer complementarias, aunque no lo son
exactamente, ya que para Quesnay la nación que produce mercancías básicas - en este caso Francia - prevalecería sobre
las demás.
19. Maragall (1976), 58. Ello no significa que la teoría marxiana sea infalible: en el caso de Marx la teoría está limitada por
las categorías analíticas que él mismo se impuso en el estudio del capitalismo.

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�3. Un análisis de la evolución de la teoría
del comercio internacional

E

l interés de Maragall por la teoría del comercio internacional arranca de sus investigaciones
sobre las teorías del imperialismo que datan de los años 1969-1970 y que encuentran
continuación en la etapa de la New School: economía internacional, lectura de El Capital
de Marx, análisis de las teorías del comercio y su evolución (siguiendo las ideas de Viner)
y el análisis de las ideas fisiocráticas ya mencionado “como paradigma previo y alternativo a la
economía política ricardiana”20. Maragall redacta en 1974 unas Notas para una comparación de
la teoría del imperialismo con la teoría del comercio internacional, de la que hay una versión
mucho más breve en inglés de ese mismo año, preparada como ponencia para el IV Congreso
de la International Economics Association en Budapest. Se trata de una profunda reflexión sobre
la validez de las teorías de las relaciones económicas internacionales –las teorías del comercio
internacional y la teoría clásica del imperialismo– desarrolladas en el siglo XIX y que llegan hasta
el XX. Maragall expone las alternativas teóricas que explican la desaceleración europea de finales
del siglo XIX a través del papel central que juega la agricultura. Ricardo se centraba en la escasez
de tierras de calidad; el esquema marginalista-neoclásico extendía el sistema ricardiano a todos los
factores (ambos sistemas reaparecerán en la tesis doctoral). Pero a Maragall le sigue interesando
más el enfoque marxista: El atraso relativo de la agricultura europea hace que el sistema económico
no genere poder de compra suficiente para absorber la producción de manufacturas. Aquí aparece
un excedente de capital que debe buscar ubicación en el exterior. Ante este problema, economistas
como Hobson o Keynes proponen reformas. Los economistas marxistas, sin embargo, no consideran
esta vía factible. Autores como Lenin, Hilferding o Kautsky serían así capaces de predecir la crisis
de 1914. El imperialismo sería así una reacción del capital ante el avance de las reformas sociales
y la amenaza que esto suponía para los beneficios empresariales. Sin embargo, los marxistas –
critica aquí Maragall– no fueron capaces después de prever la estabilidad capitalista bajo el nuevo
liderazgo de Estados Unidos, ni la alianza entre gran industria y campesinado en algunos países de
Europa después de la Primera Guerra Mundial21.

A partir de este planteamiento Maragall repasa los diferentes enfoques de la teoría del comercio
internacional, desde Ricardo hasta el modelo de Heckscher-Ohlin, Lenin, los neoclásicos y
Keynes. Maragall contrapone así la teoría del comercio internacional ricardiana (y sus sucesivos
desarrollos), caracterizada por su “pacifismo”, con las teorías del imperialismo, donde las relaciones
económicas internacionales son de conflicto. En su opinión (una idea, por otra parte, extendida), el
ricardianismo (y su defensa del libre comercio) dejó de ser útil para Inglaterra hacia 1870, cuando
el crecimiento de este país dejó de depender de la producción de trigo para depender de la escasez
de carbón (Jevons y el marginalismo estarían en la raíz de este giro). Hobson, Lenin y Hilferding
desarrollarán a partir de aquí la teoría del imperialismo. Maragall busca también las influencias
de esta teoría sobre Keynes: el internacionalismo del capital conducía al imperialismo; “el libre
cambio engendraba competencia bélica a escala internacional y miseria a escala nacional”22. A
pesar de su actitud en principio favorable, Maragall considera que la teoría clásica del imperialismo
debe revisarse por tres razones: primero, la teoría insiste en que el lento desarrollo agrario pone
obstáculos muy serios a la mejora del nivel de vida; segundo, la teoría se centra en la decadencia
de Gran Bretaña, olvidando la formación de un nuevo centro de poder, Estados Unidos; tercero,

20. La cronología de las investigaciones de Maragall en el campo de las teorías del comercio internacional está referida
por el propio autor en su Memoria de 1975, explicada más adelante. Maragall (1975), 1.
21. Maragall (1974b), 1-3.
22. Maragall (1974b), 14.

9

�falta una teoría del estado capitalista como categoría económica. Algunas reflexiones de Kautsky y
Lenin, que se habían asomado a estos problemas, acompañan esta idea de Maragall23.
Las conclusiones (“provisionales”, dice Maragall) de este trabajo insisten en varios puntos
interesantes, porque muestran un Maragall poco dogmático y favorable a una flexibilidad
metodológica que pueda aportar mejoras en el análisis. Maragall defiende la necesidad de que
las teorías del imperialismo incluyan los instrumentos de la economía “convencional”, esto es, la
ortodoxia neoclásica: La teoría económica podría ayudar a explicar el desarrollo de la economía
internacional sobre las bases del final del siglo XIX. Sería necesario un modelo teórico que aúne
las aportaciones de ambos paradigmas; un modelo que incluya las variables e hipótesis económicas
tradicionales (los tres factores clásicos, retribución de los factores, economías de escala, rendimientos
decrecientes en agricultura, etc.) y elementos adicionales aportados por el análisis marxista como
la influencia de la lucha de clases en la tecnología, el comportamiento del estado capitalista, etc.
Maragall cree que un análisis correcto de los acontecimientos económicos de su tiempo no puede
limitarse a las teorías de rentas de monopolio de recursos naturales escasos, al estilo de la renta
de la tierra ricardiana, prescindiendo de los elementos de poder político. Termina prediciendo una
mundialización de la economía, pero no de naciones en distinto estadio de desarrollo, sino con
diferente sistema económico24.
En 1975 Maragall da un paso más en el estudio de las relaciones internacionales y escribe un breve
documento, una “Memoria para trabajo de investigación” cuyo título sería Evolución de las teorías
del comercio internacional de Quesnay a Keynes. Una nueva interpretación. Su ambición consiste
en presentar las doctrinas sobre el comercio internacional desde un nuevo ángulo, con el objetivo
de “reanimar el contenido político-económico de la teoría del comercio internacional en una fase
de grandes cambios como la que se ha abierto en esta década”25. Para ello utiliza un modelo con los
tres factores productivos y sus respectivas retribuciones; dos sectores (industria con presencia de
economías de escala, y agricultura-minería, con rendimientos decrecientes ricardianos) que en fases
más avanzadas se desdoblan (la industria en sector financiero y sector industrial, y la agricultura en
agricultura capitalista y agricultura semi-feudal de pequeña escala); movimientos internacionales
de factores; propensiones al consumo y al ahorro diferentes dependiendo de las clases sociales; y
algunas hipótesis adicionales sobre la selección de tecnología y el funcionamiento de la política
económica. El objetivo de este trabajo sería realizar una crítica a las teorías clásicas del comercio
internacional basadas en la especialización según la dotación factorial, mostrando la dependencia
de estas teorías de los intereses de naciones y clases sociales determinadas. En este trabajo Maragall
sigue la dirección seguida por Marx en su obra Sobre la cuestión del librecambio y el teorema
Stolper-Samuelson de comercio internacional.
Retomando ideas anteriores, Maragall arranca de la teoría del libre comercio desarrollada por los
fisiócratas en la Francia del siglo XVIII en apoyo de la libre exportación de trigo, contraponiéndola
a la teoría ricardiana de las ventajas del libre comercio basadas en la especialización nacional según
el principio de las ventajas comparativas (los países con dotación relativamente mayor de un factor
determinado se especializarían en productos intensivos en dicho factor). Maragall estima que su
modelo puede ayudar a explicar la diferencia entre los paradigmas fisiócrata y ricardiano, en tanto
que en el caso fisiócrata el comercio es más importante para alcanzar el óptimo productivo, mientras
que en el modelo ricardiano ocurre al revés: Maragall defiende así la visión fisiocrática del comercio
como una teoría de aplicación más general que la ricardiana.
23. Maragall (1974b), 31-42.
24. Maragall (1974b), 44-46. Es interesante la defensa de la combinación de elementos procedentes de distintas tradiciones teóricas para construir una teoría global de las relaciones económicas internacionales. En este sentido Maragall una
vez más no se muestra dogmático sino todo lo contrario.
25. Maragall (1975), 5.

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�Maragall continua la revisión de las teorías del comercio internacional introduciendo los desarrollos
posteriores de Wicksell, en el marco de la teoría marginalista del valor, y sobre todo, las teorías
imperialistas, basadas en las ventajas de escala en los sectores manufactureros: los países más
desarrollados, con economías de escala industriales adquirirían en un marco de libre comercio una
ventaja permanente sobre los demás, ventaja que sólo podrían romper los países con abundancia de
tierra y población con políticas proteccionistas que dispusiesen de una mínima dotación de capital
para desarrollar industrias básicas. Este sería el caso de Estados Unidos, Alemania y Japón antes de
la Primera Guerra Mundial, y de la Unión Soviética después26. Maragall sigue de cerca la doctrina
del imperialismo de Lenin, y analiza también las soluciones reformistas propuestas primero por
Hobson y después – transformadas – por Keynes, quien intenta minimizar la parte de la renta
nacional que cae en manos del rentista (la conocida idea keynesiana de la eutanasia del rentista), con
la idea de poner a disposición de las clases productivas de la sociedad la máxima cantidad posible
de ingreso27.
No hemos localizado la versión definitiva de este trabajo, pero la Memoria insiste en la necesidad de
una aproximación ecléctica a la problemática del comercio internacional, descartando la utilización
exclusiva de un modelo teórico determinado, y echando mano de referencias teóricas variadas –
como en el caso de su modelo– para evitar errores en el diseño de la política económica28.

26. Este ha sido uno de los mensajes fundamentales para explicar el atraso relativo de algunas regiones y el proceso de
catching-up de otras de los autores de la nueva historia económica encabezada por Robert Allen. Ver Allen (2011).
27. Maragall (1975), 5.
28. “No creo demasiado en la utilidad de ninguna teoría […]; sí pienso sin embargo que es necesario disponer de instrumentos generales de referencia de orden teórico, en el sentido del modelo que propongo desarrollar, para evitar los errores más groseros en el campo de la política económica y en este caso de la política económica internacional”. Maragall
(1975), 5.
1 1

�4. La tesis doctoral de Maragall:
pensamiento económico y economía
urbana

E

n agosto de 1978 Pasqual Maragall termina de redactar su tesis doctoral en la Universitat
Autònoma de Barcelona titulada Els preus del sòl (El cas de Barcelona). En este trabajo, un
extenso y profundo análisis de la evolución de los precios urbanos en el territorio del municipio
de Barcelona, las doctrinas económicas ocupan un lugar importante. La tesis representa de
hecho un nexo entre los análisis de la historia del pensamiento económico fisiocrático y marxista
apoyados en interpretaciones de autores marxistas y postkeynesianos, con el campo de interés último
de Maragall, la economía urbana, introduciendo de manera esencial la teoría ricardiana de la renta de
la tierra y la teoría marshalliana del impuesto sobre los rendimientos del suelo. En la tesis se combina
la influencia de las interpretaciones de los autores marxistas y post-keynesianos que Maragall conocía,
con modelos de economía urbana de corte más ortodoxo. En la introducción Maragall reivindica la
necesidad de la participación del economista en los procesos de planificación urbanística, no sólo para
analizar su viabilidad financiera, sino también, y de manera crucial, en el proceso de municipalización
de las ganancias de los propietarios de suelo urbano, cuyas rentas han crecido con el encarecimiento
del suelo. La fiscalidad del suelo, por tanto, es un aspecto fundamental del estudio de Maragall29. La
tesis se divide en cuatro capítulos; en los dos primeros Maragall hace un interesante viaje teórico por la
teoría de la renta y del impuesto sobre el suelo. La sección primera, “La renda de la terra”, constituye
una extensa revisión de la teoría clásica de la renta de la tierra. El segundo capítulo, “Els preus del
sòl urbà”, es un examen de las teorías del precio del suelo urbano y de los impuestos sobre la renta
del suelo urbano30. Los restantes dos capítulos contienen el análisis propiamente de la evolución del
precio del suelo en Barcelona y una propuesta de política de suelo.

4.1. Un análisis de las teorías de la renta de la tierra: Ricardo a
la luz de Cambridge
El primer capítulo de la tesis repasa la teoría de la renta de la tierra en la escuela fisiócrata, Smith,
Ricardo y Marx. El análisis de la renta discute particularmente las nociones de renta absoluta y
renta diferencial de la tierra y sus implicaciones en la formación de los precios del suelo. Maragall
retoma la conexión entre Marx y la fisiocracia de sus trabajos de la New School: Si se acepta que la
agricultura posee una ratio capital/trabajo (composición orgánica del capital en términos marxistas)
reducida, entonces esta actividad es más productiva que otras (se sigue la idea marxiana de que
trabajo productivo es aquel capaz de producir plusvalía). Sin embargo, Maragall señala que esto
sólo funcionaría si se considera que existe tanto renta absoluta del suelo como renta diferencial
(alejándose aquí del planteamiento de Ricardo, quien sólo considera la renta diferencial de la
tierra basada en su escasez como factor productivo). Maragall cree que Smith no andaba lejos de
un planteamiento fisiocrático de la existencia de una productividad especial de la agricultura, en
tanto que utiliza más factor trabajo que la industria (aquí está la conexión entre la teoría del valor29. Maragall (1978), viii-ix. Maragall se une a la corriente de autores de la línea abierta por Alonso y Wingo a principios de
la década 1960, que proporcionan la base conceptual para un nuevo enfoque teórico y empírico de la economía urbana.
El modelo de Wingo explica la relación entre localización urbana, consumo de espacio y coste del desplazamiento al
trabajo. Véase Wingo (1972).
30. En total, la tesis dedica unas 200 páginas de un total de unas 550 a la discusión teórica de las rentas de la tierra y la
fiscalidad del suelo. La presencia de ideas económicas en este trabajo es, por tanto, muy considerable.

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�tierra implícita en el modelo fisiocrático y la teoría del valor-trabajo de Marx)31. La escuela clásica
en general, sin embargo, aceptó la versión ricardiana de renta diferencial, olvidando la conexión
fisiocracia-Marx con respecto a la renta absoluta: la renta cargada en el precio es consecuencia
del poder monopolístico que los propietarios poseen sobre la tierra, no es consecuencia de la
contribución específica de este factor productivo, como decía Ricardo32. Al final del repaso histórico
del concepto de renta de la tierra, Maragall retoma el modelo fisiócrata reinterpretándolo como
un modelo de monopolio de la tierra, sostenido por el estado y legitimado por el impuesto único
(fisiócrata) sobre la tierra: en una situación de escasez de un input básico, la implementación de un
impuesto a los propietarios de este input aparecería factible33. A pesar de sus prevenciones y sus
simpatías por Quesnay, la base de la reflexión de Maragall sobre la renta del suelo es sin embargo el
modelo de Ricardo. Aquí se puede hacer un apunte interesante: Maragall elude fundamentalmente
disquisiciones sobre la teoría del valor-trabajo de Ricardo, apoyándose en Sraffa, quien mostró que
la distribución ricardiana no requiere en realidad una teoría del valor34.
Este repaso de las teorías de la renta de la tierra viene acompañado de una bibliografía que, si bien
es variada, tiene indudable inclinación por economistas de tradición marxista, post-keynesiana y
sraffiana. En la discusión sobre el concepto de renta en Adam Smith, Maragall acude a la obra de
Dobb Theories of value and distribution since Adam Smith de 1973, donde el autor realiza una
reconstrucción del pensamiento clásico desde una óptica marxista. La misma referencia aparece
al discutir la presión de Ricardo sobre el legislador en favor del libre comercio o la cuestión de la
participación de la renta en el producto total según Ricardo: Maragall sigue de cerca la explicación de
Dobb, incluso reproduciendo un diagrama del propio Dobb35, y completándola con la interpretación
de Blaug (introduciendo igualmente gráficos de su Economic Theory de 1962), aunque rechaza su
argumento de que las rentas crecen más que el coste, aumentando así su participación en el producto.
Para Maragall (aquí vuelve sobre Dobb), esto no se deduce de los Principios de Ricardo, sin embargo
sí dará por buena la explicación de Blaug sobre la teoría de la distribución ricardiana36. La influencia
fisiocrática en Smith y una parte de los argumentos de Ricardo sobre la exportación de grano es
analizada a través de otro marxista, Napoleoni. Maragall emplea la interpretación “imperialista” de
Ricardo de Napoleoni, quien sostuvo la hipótesis de que aquel consideró la posibilidad de la anexión
territorial como opción para añadir nuevas tierras de cultivo que impidiesen el crecimiento de la
renta de la tierra37. Por último, la preferencia de Maragall por autores del ambiente de Cambridge
aparece de nuevo cuando echa mano de Joan Robinson para mostrar la contradicción entre la teoría
de la renta de Ricardo (rendimientos decrecientes) y la del comercio internacional (rendimientos
constantes)38. La teoría marxiana de la renta de la tierra es explicada, sin embargo, directamente a
través de El capital.
31. Maragall (1978), 17-18. Aquí Maragall expone la crítica de Blaug a esa idea smithiana, pero admitiendo que si la renta
absoluta de la tierra es determinante del precio (y no viene determinada por el precio), como Smith y Marx dicen, entonces la postura de Blaug sólo podría aplicarse si se considera que la renta de la tierra es sólo diferencial (a la Ricardo), y no
absoluta.
32. Maragall cree que “el sòl urbà fará això molt més palès”. Maragall (1978), 19.
33. Maragall (1978), 24. Maragall no desarrolla esta idea de aplicar la teoría de la renta diferencial ricardiana al caso de
oferta limitada de otro tipo de factor productivo como la energía, lo cual, en el entorno de los años 70 del siglo XX tendría
un cierto interés.
34. Véase Sraffa (1951), I, xiv. En realidad Marx ya había reparado en esta cuestión.
35. Maragall (1978), 35-37. Ver también Dobb (1975), 102. Dobb es otro de los grandes representantes de la escuela de
Cambridge, muy próximo a Keynes, aunque con una abierta influencia marxista (perteneció al partido comunista inglés).
Recuérdese que colaboró con Sraffa en la edición de las obras completas de Ricardo.
36. Maragall (1978), 38. En todo caso, Maragall dedica un apéndice a discutir el modelo de Blaug, cuya explicación califica
de “confusa”. Maragall (1978), 451-452.
37. Maragall (1878), 33 y 45. Véase también Napoleoni (1973).
38. Maragall (1978), 45.
1 3

�Después de repasar la teoría de la renta del suelo ricardiana, Maragall analiza la extensión de esta
teoría al resto de factores productivos, en tanto que especializados y escasos. Esto es en su opinión
lo que hizo la economía neoclásica: generalizar a todos los factores las hipótesis de Ricardo sobre
la tierra, basándose en la idea de que usos alternativos de la tierra comportarían una cierta inclusión
de las rentas en el coste, apuntando a una nueva teoría del valor-utilidad. La clave estaría en la
existencia del coste de oportunidad del suelo, al tener éste usos alternativos. Maragall aquí sigue
la línea de la crítica de Blaug a Ricardo, afirmando que “el coste de oportunidad del suelo juega
un papel evidente en regiones agrarias próximas a las concentraciones urbanas: Una parte de las
rentas pagadas en regiones muy urbanizadas a los propietarios agrícolas está relacionada no con las
cualidades diferenciales del suelo para usos agrícolas, sino con el hecho de que la proximidad de los
usos urbanos e industriales ha elevado posiblemente la renta marginal bastante”39. Las expectativas
urbanísticas elevarían la renta incluso si sólo se cultivasen tierras homogéneas y de muy alta calidad.
Esto tendrá consecuencias en una teoría general de las rentas agrícolas cuando esta se aplica a un
territorio en que las coronas rurales de las ciudades representan una parte importante del suelo
agrícola disponible. La generalización neoclásica de la teoría de la renta tiene otra vertiente: la
consideración de todos los demás factores como similares a la tierra. Maragall contempla por tanto
ambas críticas a Ricardo: La tierra tiene usos alternativos y los demás factores pueden ser también
no aumentables a corto plazo, como lo es la tierra en el largo plazo40.
Para estudiar la evolución de la teoría de la renta desde finales del siglo XIX Maragall utiliza casi
exclusivamente la obra de Joseph S. Keiper et al. Theory and measurement of rent (1961). Esta
elección no es neutral puesto que la obra fue financiada por la Lincoln Foundation, institución
propagadora de las ideas de Henry George. Keiper et al., subrayando las consecuencias políticas de
las diferentes concepciones de la renta de la tierra, consideran que la teoría georgista es heredera de
la fisiocracia. Según Keiper, serán Clark y Marshall quienes acaben con la idea ricardiana. Clark dirá
que la significación económica de la tierra no deriva de la naturaleza, sino de las utilidades creadas
en ella por personas individuales (canales, drenajes, abonos...) y por la colectividad en general
(crecimiento social que genera escasez): estas utilidades generan rentas. Marshall, generalizando
las cualidades diferenciales a todos los factores, explicará cómo las empresas que disfrutan de
factores escasos o diferenciales, obtienen diferencias de coste – rentas económicas de los factores
productivos – una vez que la competencia entre empresarios permite a estos factores absorber
una parte del excedente empresarial en forma de retribuciones más altas. Por tanto, los autores
neoclásicos en general tienden a negar a la tierra el carácter de factor especial, equiparándola en su
análisis al resto de factores. Pero Maragall rebate esta idea. La mayoría de autores contemporáneos,
dice, han abandonado la idea de que hace falta una teoría especial para la renta del suelo: el
producto se compone de salario e interés (como dice Blaug); no hay factor tierra. Maragall reprueba
que los economistas neoclásicos en general no tengan en cuenta que la renta de tierra tiene unas
características (persistencia y generalidad) que las hace diferentes a las rentas económicas de otros
factores. La formulación neoclásica considera que toda renta se puede expresar como valor de la
productividad marginal, como el resto de las retribuciones factoriales41.
Maragall finaliza exponiendo el modelo neo-ricardiano de Quadrio, que desarrolla la vía sraffiana de
definir una medida invariable del valor para estudiar la relación entre las variables de la distribución
y los precios. Sraffa generalizó el modelo de Ricardo al caso en que el capital no tiene la misma
composición en todos los sectores y el salario no es de subsistencia, investigando el efecto de una
39. Para Blaug, el error de Ricardo fue no considerar que para el capitalista un parte de la renta de la tierra (y toda ella en
la tierra marginal) no es un beneficio extraordinario arrancado por el terrateniente según se cultivan nuevas tierras, en
lugar de un coste, un precio que necesariamente pagan los empresarios por acceder a tierras que tienen usos alternativos. Según Blaug, Mill ya se dio cuenta de este problema, y Jevons le siguió. La teoría de Ricardo sería, por tanto, un caso
particular en que el suelo no tiene usos alternativos. Ver Blaug (1962).
40. Maragall (1978), 50-55.
41. Maragall (1978), 62-66.
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�variación en la distribución sobre los precios. Quadrio se replantea la eliminación de la renta de la
tierra en la discusión del valor, pero, para él, eliminar la renta no es posible en contextos actuales42.
Maragall termina este extenso capítulo con un resumen de las ideas de los principales autores
clásicos sobre el impuesto sobre la renta de la tierra. En las críticas a este impuesto sigue muy
de cerca las páginas de Blaug, y en menor medida, Keiper et al. Con respecto a la incidencia del
impuesto sobre la demanda, Maragall considera que se puede interpretar el caso de Ricardo como
un caso en que la incidencia de un impuesto sobre el trigo, a causa de la rigidez de la demanda, se
traslada íntegramente sobre los consumidores vía aumento de precios43.

4.2. Las teorías de la formación del precio del suelo urbano:
De Von Thünen a Von Thünen
Maragall dedica un apartado al análisis del modelo de rentas del suelo urbano enunciado por Von
Thünen y transformado por Marshall. En realidad Ricardo ya relacionó el entorno urbano con la renta
de la tierra cuando afirmó que esta dependía tanto de la fertilidad del suelo como de la distancia a los
mercados urbanos. A partir de aquí Von Thünen construyó su teoría de las rentas urbanas en que el
acceso al centro de la población sustituía a la fertilidad en el modelo de Ricardo: la renta de la tierra
crece linealmente hacia el centro de la ciudad. Marshall corrige este modelo utilizando la teoría
del coste marginal con sustitución de factores y valiéndose del concepto de economías externas.
Aquí se introduce el valor de situación (el valor del suelo urbano no es resultado de inversiones o
de los poderes originales de la tierra, sino resultado del progreso económico)44. Marshall sitúa las
rentas del suelo urbano como una categoría intermedia entre los beneficios de la inversión y las
rentas generadas por recursos naturales. Marshall, extendiendo el concepto ricardiano de margen
intensivo (rendimientos decrecientes de capital y trabajo a partir de un cierto punto) al suelo urbano,
define cuál será el margen de edificación (en ausencia de ordenanzas urbanas, que ya existían en su
tiempo): en aquella intensidad de uso (última planta construida) que iguala el coste de adquirir otro
terreno y edificar un número equivalente de habitaciones45. Maragall echa mano a continuación del
análisis marshalliano matizado de la renta del suelo generalizada a usos agrarios y urbanos realizado
por otro autor de Cambridge muy próximo a Keynes, Robertson, en 1961. Robertson pone algunos
inconvenientes al ricardianismo moderado de Marshall, especialmente en la cuestión relativa a
la definición de la tierra como un factor especial de producción. Sin embargo acepta el concepto
clásico de renta como útil para la política económica46. En cualquier caso, Maragall estima que los
42. Maragall (1978), 67-77.
43. Maragall (1978), 95-97. Este análisis sencillo tendrá importancia después al estudiar la incidencia de los impuestos
sobre el suelo urbano en el contexto de Barcelona.
44. Maragall apunta bien que tanto J.S. Mill como Marx habían advertido de esta riqueza creada socialmente, que eran
ingresos “no ganados”. Maragall (1978), 104. La manera de cargar fiscalmente estos ingresos no ganados fue uno de
los grandes debates de la fiscalidad moderna primero en Inglaterra y luego en el resto de Europa. Véase, por ejemplo,
Daunton (2001).
45. Maragall (1978), 100-114. En todo caso existe simetría con el margen ricardiano (“La renta del suelo no entra en el
conjunto de gastos en este margen”). En la cuestión de los efectos del progreso sobre el valor del suelo Marshall también
sigue a Ricardo. Maragall tampoco olvida mencionar que Marshall tuvo en cuenta las implicaciones que sobre el bienestar
tendría el desplazamiento del margen intensivo si se tienen en cuenta los costes sociales. Los costes sociales marginales
crecientes, producto del aumento de la densidad poblacional, no son considerados por el mercado, lo que conduce a que
el margen se establezca más allá del óptimo social. La respuesta es la planificación. El tratamiento moderno del problema
del tamaño óptimo de las ciudades desarrolla esta idea marshalliana.
46. Maragall (1978), 121-124.

1 5

�clásicos no avanzaron demasiado en la aplicación del modelo de la renta al suelo urbano47: esto
explicaría que las definiciones actuales de rentas urbanas fueran muy similares a las del rendimiento
de otros activos financieros. La base de esta concepción de la renta del suelo urbano es la teoría del
coste de oportunidad o coste de transferencia. Aquí Maragall utiliza las obras de Lean y Goodall
(1966) y E.S. Mills (1972). Goodall, por ejemplo, integra el tratamiento del precio del suelo urbano
y la propiedad inmobiliaria en la teoría de los rendimientos de los activos de capital48.
Según Maragall, la línea iniciada por Von Thünen se recuperó en los años 20 del siglo XX con
el desarrollo de la planificación urbana: el precio del suelo es una función inversa del coste de
transporte al centro, y la renta sería por tanto la carga que el propietario del suelo impone en razón
del ahorro de costes de transporte. Sobre esta teoría se elaboran los modelos de Wingo (1961), que
introduce el valor del tiempo, y Alonso (1960, 1964) que introduce el valor del espacio consumido
en función del nivel de renta. Paralelamente a estas teorías reminiscentes del ricardianismo, aparece
una explicación historicista (o ecologista) que pone el acento en el stock disponible de edificios
como determinante de los usos y los precios y que Maragall considera útil en el corto plazo, que
la teoría clásica no observa. En esta alternativa teórica, los valores determinan los usos. Maragall
se decanta por un análisis más profundo de la teoría de Alonso: Teoría clásica reformulada con
demanda de suelo elástica49. Alonso propone un modelo completo, basado en el equilibrio del
consumidor, haciendo referencia explícita a la cantidad de espacio consumido en función del precio
y del nivel de ingresos, esto es, abandonando el supuesto clásico de rigidez de demanda. El modelo
de Alonso introduce algunas variaciones respecto a las teorías clásica y neoclásica cuyo resultado
es una construcción teórica que mantiene la disminución de precios con la distancia al centro,
ubicando a los ricos en la periferia50. Al realizar la agregación, Alonso se encuentra con el problema
de que el suelo no es un bien homogéneo y que la oferta de suelo urbano puede considerarse infinita
y diferenciada según la distancia, y echará mano de la teoría clásica de la renta de la tierra. Los
utilizadores de suelo ya no tienen una curva de demanda en función del precio, sino un conjunto de
curvas de los diferentes precios posibles y las diferentes distancias. Alonso distingue los diferentes
usos posibles del suelo. En el caso del uso agrícola, Alonso llega a la conclusión de fisiócratas y
Von Thünen: los beneficios por superficie equivalen a la renta51. En ese modelo es plausible pensar
que la urgencia de los pobres por la accesibilidad se traduce en demandas más rígidas que las de los
ricos, y por tanto en localizaciones más céntricas. Los ricos, que consumen más espacio, compensan
más fácilmente un incremento de los costes de transporte alejándose de la ciudad y pagando precios
más bajos por el suelo: este sería el modelo de EEUU52. Maragall, al considerar que los costes de
47. Esto sucedió por varias razones: La especialización manufacturera inglesa detuvo el proceso de crecimiento de renta
agraria, el hecho de que el gasto de los propietarios urbanos no es tan homogéneo como el de los agrarias, las políticas
de socialización parcial de rentas urbanas, y la existencia de un mercado de suelo urbano mucho más activo que el de
suelo rural, lo que hizo que la inversión en suelo edificable fuera comparable a la inversión en cualquier otro activo de
capital en un sector de tipo monopolístico. Maragall (1978), 125.
48. Maragall (1978), 130-135.
49. Alonso rechaza las teorías post-clásicas de minimización de los costes de fricción porque “no pueden explicar satisfactoriamente el patrón observado de usos del suelo” y también las teorías ecologistas porque no explican la realidad “de
forma coherente”. Los modelos de compensación entre costes de transporte y rentas tienden a predecir una distribución
espacial muy concentrada en el centro urbano, al considerar las ubicaciones como puntos sin dimensión, esto es, al no
considerar la cantidad de suelo consumido reducen el modelo a la maximización de un solo bien, la accesibilidad. El
resultado es una ciudad poco extensa y muy densa. Maragall (1978), 137-142.
50. Este modelo responde obviamente a las circunstancias del urbanismo de finales de la década de 1980, y no tanto
a la situación actual caracterizada por el proceso de gentrificación del centro de las ciudades, fenómeno que data de
la década de 1990. La ambición de crear una teoría general de precios de suelo urbano parece, por tanto, al menos en
parte fallida. Alonso enuncia un modelo de optimización con tres bienes: cantidad de suelo, distancia al centro y resto de
bienes. La ratio de sustitución individual de los bienes se iguala a sus costes relativos: se trata de un análisis tradicional
de equilibrio del consumidor. Como es de esperar, el equilibrio se ubica compensando el coste de viajar al centro con un
suelo más alejado y más barato. Maragall (1978), 149.
51. Maragall (1978), 151-165.
52. Maragall (1978), 166.
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�transporte no son solo monetarios (incluyen desutilidades y valor del tiempo perdido) introduce
las mejoras del modelo del mismo Alonso, Wingo y Evans, en conexión con la reformulación de la
teoría de las rentas del suelo por Alonso y Wingo y el fracaso de la política de la renovación de las
ciudades en EEUU53.

4.3. La formación del precio del suelo en el Sur de
Europa: la vuelta de las teorías clásicas
Analizado el “modelo anglosajón” que parte de Von Thünen, Maragall observa que a partir de la
Segunda Guerra Mundial en los países del Sur de Europa revive la teoría clásica de la renta aplicada
a la ciudad. Maragall dedica una sección de su tesis, titulada “El retorn de les teories clàsiques”, al
examen de los desarrollos neo-marxistas, neo-ricardianos, sraffianos, neo-marshallianos y radicales
anglosajones de la renta del suelo urbano. En la línea neo-marxista (con demanda de vivienda rígida
y oferta de trabajo elástica), Maragall sigue el trabajo de Jaime Rodríguez (1974), quien extrapola
la teoría marxista de la renta de la tierra al suelo urbano (a su juicio con poco éxito). Maragall
prefiere recuperar la línea clásica de análisis de la renta en términos de monopolio de Lombardini
(1970): si quisiéramos buscar el origen de la renta absoluta en la ganancia del capital agrario,
dice Maragall, acabaríamos (nuevamente) en Quesnay y su productividad única de la agricultura
y en Smith y su afirmación de que la agricultura es más productiva que la manufactura, pasando
por alto la idea ricardiana de que si la tierra obtiene rentas no es debido a su productividad sino a
su escasez. Sin embargo, Maragall aprecia la contribución de Rodríguez en tanto que podría ser
adecuada para comprender el conflicto que enfrenta a propietarios y promotores por un lado y
capital en general por otro lado, por la captación de las rentas del suelo54. Un caso similar de vuelta
a los esquemas marxistas es el análisis desarrollado por algunos activistas que diferencian el capital
en el sector de la construcción de viviendas del capital en general, ya que la vivienda forma parte
esencial de la cesta de subsistencia de los trabajadores explotados por otros capitalistas. Aparece
así una contraposición de intereses entre capitalistas. Este enfoque presupone una oferta elástica de
trabajo al salario de subsistencia (a la Marx) y una demanda rígida de vivienda que hace que todo
incremento en el valor de la vivienda se transforme en incremento del valor de la fuerza de trabajo,
y por tanto en una disminución de la plusvalía obtenida por el capital en general55.
Los esquemas neo-ricardianos consideran costes públicos de “producción” de suelo urbano.
Maragall sigue aquí de nuevo a Lombardini, quien introduce en el concepto de suelo urbano un
input no natural, la urbanización, y analiza su efecto sobre las implicaciones políticas (la política del
suelo). Existen rentas absolutas cuando el valor de mercado de los terrenos de la corona exterior no
coinciden con el coste de producción (= coste de suelo agrícola + obras de urbanización necesarias).
Por tanto, las rentas absolutas pueden ser rentas monopolísticas derivadas de la escasez de un
53. Maragall explica el modelo de Wingo (1961), que discute a fondo el problema de la desutilidad del viaje al trabajo,
y la integración que realiza Evans (1973) de los modelos de Alonso y Wingo, haciendo una discusión de los efectos que
sobre sus predicciones tienen diversos supuestos relativos a la elasticidad de la demanda de espacio. Después estudia los
efectos en el modelo de Alonso del crecimiento y el cambio técnico. Aquí dice Maragall que la teoría moderna del precio
del suelo urbano es consistente con la clásica de la renta de la tierra referente a los efectos de crecimiento de la población
y las mejoras tecnológicas Efectivamente, el aumento de la población producirá una extensión del margen y por tanto un
incremento de las rentas intramarginales. La mejora de los transportes reduce el coste dentro del margen y por tanto la
renta del suelo. Maragall (1978), 166-184.
54. Maragall (1978), 199.
55. Ahora bien, como señala Maragall, en el esquema marxista no habrá aumento de valor de la vivienda si no hay un
incremento en la dificultad de producción de la misma o un aumento en el coste de transporte, por lo que si estos
elementos permanecen constantes no hay disminución en la plusvalía total, sino simple compensación entre capitalistas.
Maragall (1978), 202-204.
1 7

�recurso natural (a la Ricardo) pero también de la escasez de recursos públicos a disposición de
las autoridades locales para llevar a cabo un plan de urbanización. Enfoques similares son los de
Campos Venutti (1967), quien considera que el sector público, a causa de la falta de recursos, es
incapaz de reservar suelo para uso público: sigue a la iniciativa privada, creando en las coronas
externas servicios que forman renta absoluta, pero nunca creando valor de situación en la corona
interna capaz de reducir la renta diferencial. Campos Venutti es crítico con la baja fiscalidad urbana
que ha permitido la aparición de un oligopolio colusivo de propietarios urbanos. La renta urbana
no implica aportación de capital por parte de la propiedad privada; es la colectividad la que invierte
en urbanización, por tanto la renta debería quedar para el inversor, esto es, el sector público. Esta
conclusión va en la línea Ricardo-Marshall. Lo más característico del análisis de Campos Venutti
es la introducción de gasto en capital social en la explicación tanto de rentas absolutas como de
posición56.
El análisis sraffiano de las rentas urbanas de esta sección de la tesis de Maragall fue objeto de
publicación separada más adelante. La elección de este tema no es casual: La preferencia de Maragall
por la corriente post-keynesiana se refleja bien en su interés por Sraffa, uno de los economistas más
citados en su obra. El artículo “Esquemas sraffianos aplicados al suelo urbano” fue publicado en
1979 en la revista Investigaciones económicas. Maragall parte de un artículo de Ernest Lluch de
1976, quien desde un punto de vista neo-ricardiano intentaba explicar las rentas diferenciales en el
suelo urbano, distinguiendo distintas coronas, tanto en el margen extensivo como en el intensivo.
El modelo de Lluch utilizó dos sectores: uno productor de suelo urbano y otro productor del
resto de mercancías. Para Maragall, Lluch se sitúa aquí en el “neo-ricardianismo más puro”. Las
implicaciones de su modelo en términos de fiscalidad no se alejan de las del modelo de Sraffa. De
hecho Lluch sigue a Sylos Labini (1973)57: el efecto del crecimiento de las rentas es una reducción
en el poder de compra de los salarios y un aumento más rápido del coste del trabajo para los
empresarios, frenando el proceso de desarrollo58. Las conclusiones del papel son que, en el margen
extensivo, el aumento del precio del suelo no conduce a una intensificación en su uso a causa de la
planificación urbana, además de proporcionar un modelo para determinar la aparición de rentas en
un suelo cada vez más densificado y el precio de los pisos59.
Finalmente, y con respecto a los esquemas neo-marshallianos, Maragall deja constancia de que el
difusor de las reflexiones de Marshall sobre economía urbana e impuestos sobre la propiedad es
J.A. García Durán. A continuación, se centra en la obra de Lombardini, principal exponente neomarshalliano, sobre la renta urbana (1965), donde explica la revisión de las rentas de situación que
lleva a cabo el autor como función no sólo de la distancia al centro, sino también de los servicios
públicos disponibles en cada punto, lo que cambia el panorama de estas rentas y su definición.
Lombardini se refiere no sólo a Marshall, sino también a Pantaleoni: en una ciudad bien estructurada
no deberían surgir grandes rentas de situación aparte de en el centro histórico. Lombardini distingue
además la renta monopolística, que nace de la estrechez de la oferta. Este es un análisis tradicional
modificado por la existencia de una restricción en los recursos públicos disponibles y que distingue
entre rentas diferenciales y rentas de escasez a la manera tradicional: cuando suben algunas rentas,
56. Campos Venutti tiene un objetivo político: maximizar las “libertades urbanas”, entendidas como acceso a unos servicios incluyendo la movilidad, expresión de la concepción actual de la política urbana. Maragall (1978), 208-216.
57. Ver Lluch (1976). Son interesantes las referencias que emplea Lluch en esta obra. Paolo Sylos Labini, defensor de la
regulación económica y de las políticas de rentas, fue muy apreciado en algunas partes del entorno socialdemócrata
español en estos años. Sylos Labini además sostenía la superioridad del enfoque dinámico clásico frente al estatismo
neoclásico.
58. Maragall consideraba que la popularidad de estos modelos en la Europa mediterránea era consecuencia del auge del
proceso urbanizador después de la Segunda Guerra Mundial. En estos casos, el aumento acelerado de la demanda ha
producido rentas de escasez (o absolutas) y también un aumento rápido de las rentas diferenciales. Maragall (1978), 217224 y (1979), 155-156. La formalización matemática de este trabajo, en la tesis y el artículo está tomada de Vegara.
59. Maragall (1979), 156-162.
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�estas son diferenciales; cuando suben todas las rentas, son rentas de escasez60. Finalmente, Maragall
realiza una rápida revisión de los esquemas radicales anglosajones, siguiendo a Larry Sawyers
(1975), quien considera que la oferta de transporte no es exógena, sino determinada por las presiones
de los urbanizadores, y David Harvey (1973, 1974), que habla de la acción del capital financiero
y los promotores en la creación de una renta absoluta o de “monopolio clasista” en submercados
diferenciados. Harvey (1976) desarrolla el conflicto de intereses entre los capitalistas (siendo estos
de tres tipos: capital convertido en propiedad, constructores y capital en general) y el trabajo61.

4.4. Los impuestos sobre el suelo urbano: de Marshall a
Sraffa
La última parte de este largo capítulo segundo de la tesis está dedicado al análisis de los impuestos
sobre el suelo urbano. Maragall expone ampliamente el análisis de Marshall en el apéndice de los
Principles sobre los impuestos sobre la tierra, la renta, los edificios, etc. Para él las reflexiones
de Marshall son “sabiduría convencional” en Occidente, pero reivindica la línea de pensamiento
Ricardo-George “que n’és el precedent teòric”. Según Blaug (1962), el concepto de renta no ganada
de los dos Mill y la confiscación fiscal de toda la renta del suelo sin edificios defendida por George
no daría lugar a objeciones marshallianas si fuera posible distinguir entre renta pura del suelo y
renta de las estructuras construidas sobre el suelo. Si se trata de combatir la especulación y recargar
las rentas no ganadas, dice Blaug, hay otros caminos como un tratamiento más duro de las rentas
del capital en el impuesto sobre la renta. Maragall apenas entra en el debate de la conveniencia de
una imposición alta a las rentas urbanas, mencionando las ideas de Musgrave (1959) y Mills (1972),
aunque reivindica las ventajas prácticas del viejo impuesto sobre la propiedad: la recaudación es
alta con tipos moderados y no perturba apenas la producción y el consumo. Y aunque puede ser
regresivo, dada la generalización de la propiedad, otros impuestos (como los de consumo) lo son
más62. Maragall termina la parte doctrinal de su tesis con una revisión de los impuestos en el modelo
neo-ricardiano: Sraffa (1963) reproduce la conclusión de Ricardo de que los impuestos sobre la renta
son soportados íntegramente por los terratenientes y no afectan al precio ni al tipo de beneficio. En
el modelo de Lluch mencionado antes (1976), en que el suelo urbano es “producido” por un sector
de la economía, el impuesto sobre el suelo afecta al tipo de beneficio en ese sector y por tanto
en toda la economía. El mantenimiento o no de la proporción del excedente que no retorna a los
trabajadores dependerá de cómo gaste el Estado los recursos fiscales: si se destina a seguros sociales
los trabajadores no se verán perjudicados; si se destinan a subvencionar la industria, sí. Maragall
critica que Lluch no discuta el hecho más plausible de que el ayuntamiento dedique el rendimiento
de la contribución urbana a los servicios locales. También piensa que este modelo flaquea al suponer
que los costes de transporte son desutilidades puras y no costes reales, y que por tanto deben reflejarse
en el modelo de producción: si se integran los costes de transporte, los precios totales pagados por
los residentes de la corona periférica serán iguales que los que pagan los habitantes del centro. Si el
impuesto es sobre el precio del suelo urbano, incluyendo las infraestructuras y edificios, el tipo de
beneficio se verá afectado; si es sólo sobre la renta como en Ricardo, Sraffa o George, no se verá
afectado63.
60. Maragall (1978), 227-231.
61. Maragall (1978), 233-237.
62. Maragall (1978), 240-249.
63. Maragall (1978), 250-251.
1 9

�5. Reflexiones finales

L

a formación del pensamiento de una personalidad tan relevante como Pasqual Maragall es
sin duda un objeto de estudio de alto interés. En este artículo nos hemos centrado en un
aspecto menos conocido de este personaje: sus referencias doctrinales en lo económico,
corrientes principalmente alternativas que se plasman en algunas de sus obras académicas y
en su tesis doctoral. Maragall, en la línea de economistas que pasaron por la New School, defendió
la necesidad de poner en cuestión la teoría económica ortodoxa, ofreciendo alternativas analíticas
que podrían ayudar a construir una ciencia económica más inclusiva y explicativa. Maragall mostró
su preferencia primeramente por autores marxistas y posteriormente por autores post-keynesianos
próximos al círculo de Cambridge, esto es, los fieles al Keynes más genuino. Las preferencias de
Maragall por estas corrientes –seguramente parte de la heterodoxia contemporánea más sólida– tiene
siempre como objetivo no sólo contribuir a la ampliación de los enfoques de la teoría económica
académica, sino también, y muy fundamentalmente, servir como guía de acción en la política
económica64. Maragall, en cualquier caso, muestra en estos primeros trabajos académicos posturas
teóricas eclécticas y poco dogmáticas: en la aproximación a las cuestiones económicas es más bien
partidario de una cierta flexibilidad teórica que permita ganar capacidad explicativa. Esta actitud,
que recuerda en cierto modo a Keynes (por quien Maragall profesaba admiración), no excluye la
manifestación de unas preferencias doctrinales determinadas (Quesnay, Ricardo, Marx, Sraffa,…),
que sin embargo no es excluyente. La tesis de Maragall es buen exponente de esta plasticidad,
donde las interpretaciones marxistas, neo-ricardianas, marshallianas y sraffianas se combinan con
influencias más ortodoxas. Cabe añadir que la intención última de Maragall es siempre científica:
En su Informe sobre el IV Congreso de la International Economic Association de Budapest de 1974
exaltará la posición de los economistas liberales Haberler, Johnson y Kennen precisamente por su
franqueza en la defensa de sus posiciones65.
La conexión de estas fuentes doctrinales con las políticas llevadas a cabo por Maragall en sus
cargos políticos queda fuera del objetivo de este papel. Aquí solamente hemos tratado de poner
de relieve los autores que Maragall frecuentó en sus años de formación académica con el fin
de presentar este aspecto intelectual del personaje no tan conocido para el público. A partir de
las fuentes tratadas creemos poder aseverar que los autores que Maragall consideró en su etapa
formativa como economista contribuyeron de manera directa a estructurar su discurso en los años
posteriores. En primer lugar, porque se puede afirmar que Pasqual Maragall es un heterodoxo, una
persona a la que le costaría aceptar los espacios reflexivos cerrados (en su carrera política será un
elemento diferenciador que le acarreará admiración y desconfianza a partes iguales). En segundo
lugar, porque entiende la estructuración del territorio como elemento transformador, idea que se
refleja en las reflexiones doctrinales efectuadas en su tesis doctoral sobre la renta del suelo y la
fiscalidad, combinando tradiciones analíticas diversas. En tercer lugar, porque –lúcidamente– asume
las imperfecciones de autores o tesis próximas a su ideología política; de ahí que, nuevamente,
incorpore algunas ideas más liberales que años más tarde tratará de concretar en elementos de
cooperación público-privada. De esta manera, los rasgos que identificamos en sus trabajos de
juventud en los años setenta se sintetizan en la heterodoxia como método de análisis, en uso del
suelo y de la organización territorial como variable de transformación social y en complicidad entre
las esferas pública y privada. Rasgos todos ellos que acompañan a Maragall hasta nuestros días.
64. En marzo de 1998, en un seminario de la serie titulada Europa prossima: La Europa de las regiones, de las ciudades
y de la ciudadanía organizado en la Università di Roma Tre, en la sesión sobre las políticas monetarias, económica y
ocupacionales, Maragall se declaró “hijo o nieto de Keynes”, reclamando políticas de demanda (“El problema radica en la
demanda, no en la oferta”). Maragall (1999), 67.
65. Maragall (1975), 172.

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